IVAM Centre Julio González

Incorporado plenamente al panorama artístico valenciano desde los primeros años ochenta, José Sanleón (Catarroja, 1953) ha sabido articular una elocuente síntesis donde construcción y expresión nunca son del todo ajenas entre sí. Por otra parte, el protagonismo de determinados materiales -en especial cuando aborda los grandes formatos a partir de las lonas ya usadas y recuperadas- favorece un conjunto de intervenciones, cada vez más controladas y austeras, pero dotadas siempre de un fuerte impacto visual.

La exposición presenta una selección retrospectiva de sus tres últimas series desarrolladas en 1989 y 1993, las que mejor caracterizan y configuran la trayectoria artística de Sanleón: El laberinto, Roma Quadrata y Manhattan.

La consideración de la ciudad como laberinto se convierte en una especie de leitmotiv que, cual hilo conductor, vincula y diferencia ambos homenajes -a Roma y Nueva York-, a la vez que promueve una intensa autorreflexión sobre el laberinto de la pintura, como espacio metafórico aplicado al universo, a la ciudad y a la propia existencia.

La acción pictórica de Sanleón -como proceso- se irá paulatinamente desnudando de su precedente subjetividad, mientras la pintura -como objeto- acentuará autorreferencialmente sus valores y estrategias constructivas. A ello habrá que añadir -ya en la serie Manhattan– su enfrentamiento con las grandes superficies de las viejas lonas de los camiones. Dicho hallazgo venía a resolver de manera simultánea aquellos objetivos anteriores, planteados con relación a la ascesis expresiva y a una mayor reducción de los tratamientos pictóricos propiamente dichos, a la vez que abría nuevas vías a la síntesis estética emprendida: mostrar directamente los inmensos soportes, convertidos en superficies cargadas de historia y de resonancias plásticas en sus arrugas, estrías, remiendos, manchas, dobleces y múltiples laceraciones.

Es así como la seriación de anillas y remaches, las franjas, las costuras o los pliegues de refuerzo -seleccionados de los toldos- se transforman en opciones propias del dibujo, en contrastaciones cromáticas, en ritmos compositivos que recorren la textura historiadora de la lona, aportando conjuntamente el controlado toque estético y distante de la lectura postminimalista y la paradójica riqueza, sobreabundante y acaparadora, de ciertos ecos del arte povera , con sus entresijos existenciales y sus diversificadas experiencias.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

A mediados de la década de los años 60 del siglo XX aparecen diversas manifestaciones y exposiciones que apuntan a una alternativa expresiva al lenguaje escultórico del Minimalismo. La utilización de materiales efímeros, reciclados o sintéticos, y los tratamientos con nuevas tecnologías, son una constante en los nuevos lenguajes de la escultura contemporánea, que, con las naturales distancias del tiempo, operan con el mismo espíritu experimental de los protagonistas de las vanguardias clásicas, incluso con los componentes de crítica político-social característicos de alguno de ellos y una seria reflexión sobre el entorno y los elementos de la vida cotidiana.

La exposición, que recoge la evolución de la escultura en los últimos veinte años, se ha estructurado con obras de ocho artistas esenciales que han abierto nuevos registros y narrativas en el arte contemporáneo.

Bruce Nauman (Fort Wayne, Indiana, 1941) trata en su obra del propio yo físico del artista, retratándolo o prolongándolo. La finalidad de las intervenciones escultóricas de Richard Serra (San Francisco, 1939) no es la representación sino la redefinición del espacio de la escultura y sus valores personales y sociales.

El trabajo de Robert Smithson (New Jersey, 1938 – Texas, 1973), partiendo de fuentes muy distintas (geología, cosmología, filosofía y ciencia-ficción), se inscribe en el más radical arte del entorno. Por su parte Gordon Matta-Clark (Nueva York, 1943 – 1978) exploró los espacios de solapamiento de la arquitectura, el lenguaje y la psicología para realizar una obra que reflejó sus inquietudes por deshacer las barreras sociales, económicas y culturales.

La obra de Richard Tuttle (Rahway, New Jersey, 1941) se caracteriza por la dialéctica escultura-dibujo y la simplificación de los materiales, mientras que la de Gilberto Zorio (Andorno Micca, Italia, 1944) gravita sobre los conceptos de energía, tensión y purificación, combinando fórmulas de la alquimia y la moderna tecnología.

A partir de un inicial enfoque minimalista Joel Shapiro (Nueva York, 1941) abandonó las formas abstractas para centrar su investigación en el cuerpo humano y objetos fácilmente identificables y nombrables. En sus obras Reiner Ruthenbeck (Velbert, Alemania, 1937) busca introducir polaridades, contrastes y tensiones dentro de una unidad formal.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Pieter Laurens Mol (Breda, Holanda, 1946) presentó a finales de los años sesenta sus primeras obras que resultaron de una experimentación libre, de fuerte carácter renovador, con materiales simples y formas sencillas. Sus trabajos inscritos en la atmósfera del arte conceptual que subrayó en el objeto artístico su carácter de vehículo para la comunicación de ideas, o como medio de referencia a sucesos y situaciones exteriores a la representación en cuanto a tiempo y espacio: una nueva manera de hacer que utilizó soportes muy distintos (fotografía, manuscritos, cintas de vídeo…) para afirmar que la verdadera obra de arte no es el objeto físico producido por el artista, sino los conceptos o las ideas.

La exposición recorre la trayectoria de este artista generada a partir de formas híbridas que asocian la fotografía, la pintura, la escultura y la instalación, dejando entrever un deseo de diálogo con su propia tradición cultural y una percepción filosófica del mundo y de la función del artista.

Mol descubrió en sus comienzos la obra de Yves Klein, Piero Manzoni, Lucio Fontana y Marcel Duchamp (al que admiró por su capacidad de crear una dimensión metafísica a partir de los fenómenos más simples), al tiempo que estudiaba la obra de Brueguel, una de las referencias importantes de la cultura holandesa. Este conjunto de intereses denota la atracción de Mol por las posibilidades que surgen del encuentro entre lo contemporáneo y lo tradicional y, también, por la naturaleza de los materiales, en un intento de definir la tradición para emprender un desarrollo plástico dirigido, sin equívocos, hacia la modernidad. En consecuencia, el artista holandés analizó el vínculo de unión entre naturaleza y cultura que, en el transcurso del arte moderno, se ha traducido en una dialéctica entre naturaleza y abstracción.

Mol experimenta intensamente con materiales naturales (hierro, plomo, sulfuro, pólvora, alquitrán…) que aplicó a objetos comunes (embudos, zuecos, botellas…), que determinan el cambio de la forma lúdica e irónica de enfrentarse a la realidad de sus inicios a una opción estética y un compromiso personal marcado por una búsqueda consciente de lo bello y lo transitorio que, cada vez más, singulariza su trabajo.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

El artista argentino Guillermo Kuitca (Buenos Aires, 1961) se ha confirmado en los últimos años como uno de los nuevos nombres emergentes en el panorama internacional. Además de numerosas exposiciones individuales (entre ellas en el MOMA de Nueva York), su producción se ha mostrado en la Bienal de Sao Paulo y en la pasada edición de la Documenta de Kassel.

Esta retrospectiva constituye la primera oportunidad de ver una antología de su obra dentro del ámbito europeo y cuenta con unas 70 obras representativas de sus distintas etapas: sus primeras obras (“Nadie olvida nada”), las pinturas con canciones (“Hold me tight”, “Strawberry fields forever”), las pinturas escenográficas, los mapas (“Praga”, “Untitled roads”, “Olvidar Hamburgo”) y las plantas (“The lost language of cranes”, “Planta roja”, “House plant with broken heart”).

Kuitca viaja en 1980 a Europa y en Wuppertal entra en contacto con la compañía teatral de Pina Bausch. A su vuelta comienza a colaborar en proyectos teatrales. En sus primeras series el elemento escenográfico es innegable, especialmente “El mar dulce”. Es el momento de creación de su lenguaje: por un lado, de un alfabeto simbólico de elementos cotidianos (cama, velador, mujer, referencias infantiles, árboles…), un mundo íntimo recurrente al que somete a un proceso de extrañamiento, básicamente por su tratamiento del espacio, el cambio de escala y la simultaneidad de escenas, que hacen que los gestos humanos cobren un callado dramatismo. Por otro, la utilización de conexiones no pictóricas, música, literatura, cine, a través de citas y aproximaciones.

A mediados de los ochenta plasma sus afinidades literarias en una serie de obras que presentan textos e imágenes superpuestos, elementos de origen publicitario a los que recurre para crear asociaciones poéticas. A la vez comienza a trabajar en unos motivos que confirman su interés por el espacio: tanto el interior de las plantas de apartamentos como el exterior en los mapas. Ambos son representaciones abstractas de espacios, y es esa neutralidad y asepsia la que intenta romper mediante asociaciones subjetivas, introduciendo la mirada personal.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Gary Hill (Santa Mónica, California, 1951) está considerado uno de los artistas fundacionales del videoarte que está en la base de sus instalaciones de los años setenta y ochenta. En la actualidad es más conocido por sus montajes y obras performativas, donde investiga sobre las nuevas formas del lenguaje en contacto con la tecnología a través de un amplio abanico de técnicas. En ellas, en palabras del mismo artista, “la experiencia del tiempo queda desplazada por la experiencia física a un grado mucho más elevado. Mi intención es que el espectador se vea visceralmente confrontado con las cosas, las imágenes y las ideas”.

Sus reflexiones se sitúan en la intersección de cuatro ejes principales. El primero se centra en el cuerpo como emisor/receptor de lenguaje; el segundo analiza el lenguaje mismo a través de la constante imbricación de imagen, sonido, texto y verbo; el tercero incorpora la interacción permanente de la obra con el espectador; y el cuarto y último profundiza en el proceso de creación que pasa por la desestructuración constante, la deconstrucción de elementos preexistentes extraídos de imágenes del mundo, de textos literarios (Maurice Blanchot), filosóficos (Martin Heidegger, Gregory Bateson), o religiosos (escritos gnósticos). El desorden que crea no es más que apariencia para hacer renacer mejor su propia subjetividad.

Sus propuestas, que comienzan por experimentaciones ligadas al medio (imagen y sonido), se desplazan muy pronto sobre cuestiones ontológicas que pasan por la inmaterialidad de la imagen electrónica. Jacinto Lageira añade: “Gary Hill, que conoce perfectamente los métodos y los principios de las ciencias humanas, no tiene la intención de hacerse pasar por ilustrador de teorías lingüísticas, literarias o filosóficas. Sus vídeos forman parte, antes bien, de la esfera del arte; de categorías y formas que pertenecen al dominio de la estética. Lo que hace complejas y ricas las cintas de Gary Hill es el intento de demostrar que el lenguaje no es un objeto o un instrumento, sino una mediación significativa entre los individuos que no puede ser cosificada. Esta mediación, habiendo construido una red de símbolos a partir del lenguaje, es, a la vez, fuente y conclusión del trabajo”.

La exposición, la primera de carácter individual en nuestro país,  comprende una selección de siete trabajos realizados entre 1983 y 1992.

IVAM Centre Julio González

Henri Michaux (Namur, Bélgica, 1899 – París, 1984) desarrolló un arte de raíz surrealista, en la medida que recurrió al automatismo para crear un mundo personal de imágenes psíquicas, mitos y presencias fantasmales: un repertorio formal originado, en ocasiones, por el empleo de alucinógenos. Precursor de lo que se ha dado en denominar informalismo, sin embargo las obras de Michaux se distancian de las de los artistas de esa corriente en tanto en cuanto están realizadas con mayor coherencia y por sus sugerencias y alusiones figurativas.

Esta exposición incluye ciento veinte obras, correspondientes a todos los períodos creativos del artista.

Michaux, además de pintor, está considerado como uno de los poetas más importantes del siglo XX. Fue un artista de fuerte personalidad, marcada por la introversión y por profundas creencias religiosas, que influyó decisivamente en los cambios experimentados a lo largo de su trayectoria artística. Realizó frecuentes viajes por Extremo Oriente y América del Sur y a partir de 1937 centró su actividad en la pintura, realizando una serie de aguadas sobre fondo negro que denominó “Phantomismes”. En esas obras, consideradas un antecedente del expresionismo abstracto, utilizó el recurso del automatismo surrealista para presentar un mundo personal que, a través de signos y formas relacionados con los ideogramas y las caligrafías orientales, remite a recuerdos del pasado y a sentimientos y lugares vividos en sus viajes.

En 1955 Michaux, bajo la influencia de la mescalina y sirviéndose del dibujo a pluma, realizó unas obras detallistas y sumamente meticulosas, entroncadas con las posteriores propuestas de Pollock y Twombly. Durante los años 60, sin abandonar las experiencias con alucinógenos, creó obras sirviéndose de técnicas mixtas, como la aguada combinada con el lápiz de color y tinta china, para ofrecer un universo formal de sugerencias figurativas.

Las creaciones de Michaux, emparentadas con las de Max Ernst, De Chirico, Paul Klee y las de los artistas adscritos a la abstracción lírica, son el resultado de una pasión por la expresión total.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

 

La obra de Luis Gordillo (Sevilla, 1934) se ha organizado a partir de un constante diálogo figuración-abstracción. Así, su evolución pictórica ha transcurrido desde un informalismo próximo a Dubuffet, Michaux y Tàpies a una figuración relacionada con el Pop Art que, con el tiempo, ha desembocado en un arte de mínimas referencias figurativas y mayor complejidad simbólica.

La exposición se centra en la producción de los años ochenta, aunque se incluyen trabajos anteriores que clarifican las líneas de actuación de la pintura de Gordillo.

A partir de 1962 el arte de Gordillo evolucionó hacia una nueva figuración en la que integró elementos de la iconografía pop y el constructivismo geométrico. En esas obras, de fuerte actitud crítica e irónica hacia la sociedad de consumo, experimentó con el lenguaje de los mass media y las técnicas de seriación y repetición de imágenes.

En la década de los setenta, tras un período de inactividad voluntaria, inició una etapa llena de colorismo, humor y evocaciones naturalistas. Fueron unos momentos en los que el artista combinó la inmediatez con la reflexión y el análisis, se distanció de los referentes geométricos anteriores y acentuó la importancia del dibujo como procedimiento básico en sus creaciones.

Las posteriores investigaciones formales de Gordillo le han llevado a una obra con menos reminiscencias figurativas y mayor simbolismo, una consecuencia lógica de la constante evolución de propuestas que caracteriza su plástica. Sobre esa dinámica de aportaciones cambiantes, clave esencial para una aproximación e interpretación de los trabajos del artista, el crítico Dan Cameron ha escrito: “Si estudiamos la obra de Gordillo como un todo, nos daremos cuenta de que el cambio es el rasgo más sobresaliente. Al mudar la piel infinidad de veces, Gordillo acaba acercándose a soluciones descubiertas en otros momentos del pasado reciente, lo cual implica que ciertas obras anteriores de repente tienen más sentido. La inconsistencia estilística, que en un artista más joven se suele equiparar a una falta de dirección, resulta ser, en el caso de Gordillo, un rasgo positivo, sobre todo porque como artista parece deleitarse en ponernos difícil el precisar el curso exacto que ha tomado su obra durante los últimos años”.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Markus Raetz (Berna, 1941-2020) es un artista polifacético que se resiste a las clasificaciones estilísticas: es tanto el creador de un universo laberíntico pleno de significados como un investigador de las múltiples posibilidades de expresión del pensamiento y la fantasía. Su trabajo pone en cuestión los límites y relatividad de la percepción, y surge a partir de una imaginación libre que se sorprende a sí misma.

La exposición presenta doscientas cincuenta obras que incluyen objetos, dibujos y acuarelas, demostrando el interés del artista por los materiales naturales y el juego de las apariencias, una preocupación ya evidente en sus primeras obras tridimensionales por la misteriosa intriga de la forma y la visión, la observación y la imaginación, el mundo interior y exterior.

Para desarrollar sus planteamientos, Raetz ha elegido el dibujo como procedimiento básico. Su dominio de todos los estilos y recursos de esta técnica clásica introduce al espectador en un mundo de rompecabezas y jeroglíficos que fuerza a reflexionar y descifrar. En el pensamiento de Raetz predominan las imágenes, y utiliza el dibujo como una técnica de indagación que le permite anticipar la estructura de sus instalaciones, caracterizadas por la sencilles formal y complejidad de contenidos.

Raetz aborda los problemas que le plantea la realidad al mismo tiempo que los inherentes al proceso creativo porque, para él, ambos tienen la misma importancia. Las ideas se convierten en motivos e imágenes. Esas variaciones formales, en constante renovación, se originan a partir de la aplicación de los principios de la anamorfosis y la metamorfosis que Raetz entiende como una manera de percibir el mundo. Así, por ejemplo, lo que a primera vista puede parecer una perfecta configuración abstracta, se revela como una obra figurativa. Todo esto exige un acercamiento al arte con unas formas de ver diferentes de las habituales o las aprendidas: el artista suizo reclama ante su obra una presencia activa y una curiosidad que supere la monotonía y el letargo.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Gabriel Cualladó (Massanassa, València, 1922 – 2003), uno de los fotógrafos españoles más significativos de la segunda mitad del siglo XX, inició a principios de les años cincuenta una colección de fotografía cuya estructuración ha atendido antes a preferencias personales que a criterios tradicionales. En ese importante conjunto de obras están presentes todas las técnicas y tendencias que han constituido la historia de la fotografía: desde daguerrotipos, ambrotipos, retratos e instantáneas realizadas por importantes fotógrafos internacionales, a una amplia representación de la fotografía española de todos los tiempos. Esta colección, depositada en el IVAM, contiene setecientas obras de las que se han seleccionada, atendiendo a los criterios que la han conformado, trescientas ochenta fotografías de todos los autores presentes y divididas en distintos apartados.

El primero recoge desde los inicios de las fotografías hasta los años treinta, centrándose en las experiencias técnicas iniciales y las primeras evoluciones del concepto de la fotografía reflejadas en obras de Nadar, Henry Peach Robinson, Julia Margaret Cameron, Edward Steichen, Tomàs Montserrat, Bellocq, Laurent, Goñi y Alfonso, entre otros.

El segundo se dedica a la Farm Scurity Administration (F.S.A.), creada por Franklin D. Roosevelt para investigar la crisis económica y la situación agrícola en la Norteamérica de la Gran Depresión. En la exposición se presentan imágenes tomadas por todos los fotógrafos del grupo: Walker Evans, Dorothea Lange, Ben Shan, Jack Delano…

El siguiente apartado lo protagoniza Agustí Centelles, fotógrafo catalán que en la década de los treinta produjo un conjunto de imágenes que constituyen una de las crónicas más objetivas y realistas de la historia de nuestro país y que han sido consideradas obras maestras del fotoperiodismo. El cuarto está dedicado a Gabriel Cualladó y al grupo de fotógrafos españoles de su generación, que en la década de los cincuenta y los sesenta impulsaron y renovaros la fotografía en España: F. Catalá Roca, Carlos Pérez Xiquier, Gonzalo Juanes, Sigfrido de Guzmás, Gerardo Vielba, F. Ontañón, Juan Dolcet, Leonardo Cantero, Senén Merino, Sanz Lobato, Masats, Gordillo, F. Gómez, R. Terré y V. Nieto.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

La trayectoria artística del Equipo Realidad se inició a mediados de los años sesenta, dentro de la significativa renovación plástica que se originó en España en torno a Estampa Popular. Este colectivo, enfrentándose no sólo al arte oficial franquista sino también a los planteamientos del Informalismo, cuestionó los canales establecidos para la difusión social del arte. De aquí derivó la tendencia crónica de la realidad (Joan Genovés, Equipo Crónica, Equipo Realidad), que proponía la utilización de imágenes difundidas por los medios de comunicación de masas para estructurar composiciones de fuerte contenido crítico

La exposición presenta obras de las diferentes etapas de la evolución del Equipo Realidad desde su fundación en 1966 por los pintores Jordi Ballester (València, 1941-2014) y Joan Cardells (València, 1949-2019) hasta su disolución en 1976. Junto a las creaciones plásticas se incluyen diversos materiales de intervención, decorativa y gráfica, en locales públicos y en revistas universitarias de agitación política, realizados en algunos casos en colaboración con otros pintores como Joan Antoni Toledo; asimismo se exhiben los originales del cómic titulado Goddy Rampt contra los vampiros (Coágulos y sanguijuelas) dibujado en 1968-1969 por el Equipo Realidad con guion de José Gandía Casimiro.

En su primera etapa, que se prolongó hasta 1969, el Equipo Realidad realizó sus obras con pinturas planas (acrílico sobre tabla), con marcadas influencias de tratamientos pop y procedimientos narrativos en cuyos se manifiestan directamente las actividades antifranquistas de Ballester y Cardells. Los contactos en París con la Nueva Figuración, y sobre todo con los componentes del Salón de la Jeune Pinture (Aillaud, Arroyo, Erró, Recalcati, entre otros), les confirmó en una sensibilidad figurativa desafiantemente crítica.

Tras un período de transición en Italia, a partir de 1972 el Equipo Realidad inició una trayectoria autoanalítica, bajo la forma de series sucesivas con los títulos genéricos de Hogar, dulce hogar, Del antiguo y ropajes, Retrato de un retrato del retrato de un… y Hazañas bélicas. Estos títulos muestran su interés por las enseñanzas tradicionales en las escuelas de Bellas Artes, aplicadas por Ballester y Cardells en el tratamiento irónico de imágenes cotidianas y emblemas mitológicos, pictóricos y políticos.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Martial Raysse (Golfe-Juan-Vallauris, Francia, 1936) es uno de los iniciadores del Nuevo Realismo francés. Su lenguaje plástico evoluciona, dentro de la corriente pop europea, hacia un estilo personal de imágenes y temas que enfatizan la vida moderna. La exposición abarca ciento veintiséis obras, incluyendo pinturas, esculturas y objetos realizados entre 1959 y 1991. En sus últimos años sus trabajos se organizan con referentes a temas y maneras de hacer de la pintura clásica.

En 1962 su participación en una muestra en el Stedelijk Museum de Ámsterdam hizo que importantes galerías y museos de Europa y Estados Unidos se interesaran por su trabajo y lo difundieran. Cuatro años después representó a Francia en la Bienal de Venecia. La imagen estereotipada del cuerpo, tal cual la ofrecen las revistas de moda, es el tema predilecto y emblemático de su trabajo. En esos años sesenta aceptó el encargo de Roland Petit para realizar los decorados y vestuarios de dos ballets y comenzó a utilizar el cine en su trabajo. Por lo que denominó “eliminación progresiva de toda anécdota”, Raysse estableció un repertorio de formas arquetípicas que utilizó como imágenes codificadas con gran libertad para su concreción matérica.

Esta sutil decantación de su trabajo se desarrolló sobre un fondo de crisis social: mayo del 68. Martial Raysse se implicó en esa crisis que, en cierto modo, su trabajo anticipó y analizó, siendo su compromiso personal algo que fue más allá de una prudente simpatía.

Desde entonces, Raysse ha evolucionado hasta dar un paso gigantesco que se ha definido, erróneamente, como una vuelta a la pintura: se trata, al contrario, de un largo aprendizaje por el que el artista adquiere el derecho a enfrentarse a los grandes temas, a las alegorías, a los retratos, y a todo aquello que no tiene mucho que ver con las profesiones de fe, un tanto simples, que se hacen en cualquier lugar desde el inicio de los ochenta.

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Kazimir Malévich (Kiev, 1878 – San Petersburgo, 1935), creador del Suprematismo y figura de trascendental importancia en el arte moderno, desarrolló una ingente labor teórica, traducción filosófica de su práctica pictórica, y una investigación formal que transformó la pintura, la arquitectura, la tipografía y las artes aplicadas en Europa. La exposición presenta cuarenta y dos óleos fechados entre 1900 y 1933, procedentes del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, representativos de todos los temas y estilos del artista.

Tras una época impresionista, su interés por las propuestas plásticas innovadoras le llevaron a relacionarse con Larionov, Goncharova y Kandinsky, exponiendo en Valet de Carreux y con los miembros de La Unión de la Juventud y Der Blaue Reiter. En 1913 participó en el Congreso de Futuristas de todas las Rusias y llevó a cabo una investigación formal sobre los iconos rusos y la obra de Cézanne, Picasso y Léger, de la que resultaron sus cuadros cubo-futuristas y una transición hacia la abstracción pura, concretada en el posterior Suprematismo de su creación. Durante los cuatro años siguientes desarrolló una intensa actividad: expuso en el Salón de los Independientes de París, presentó pinturas suprematistas en la muestra futurista 0’10, publicó Desde el cubismo y el futurismo al suprematismo. Nuevo realismo pictórico, y su obra emblemática Cuadrado blanco sobre fondo blanco figuró en el II Salón del Estado de Moscú.

En su apreciación de las vanguardias de la época, consideró el neoplasticismo holandés como el más valido de los movimientos artísticos occidentales y el más próximo a sus supuestos teóricos que insistían en la búsqueda de nuevas representaciones de la realidad, estructuradas con un lenguaje basado en la certidumbre de las ciencias, la intuición y los sentimientos comunes, un arte funcionalista en su perspectiva social que, de forma deliberada, rehuía toda referencia a la realidad concreta. Pudo aplicar su metodología en el Instituto de Arte de Kiev y visitó la Bauhaus de Dessau donde impartía clases Moholy-Nagy, uno de sus principales seguidores.