Paul Klee
Paul Klee (Münchenbuschsee, Suiza, 1879 – Locarno-Muralto, Suiza, 1940) aparece en la historia del arte como uno de los creadores de un lenguaje plástico absolutamente renovador, junto a otros coetáneos se le considera como uno de los creadores de la abstracción y pionero de una nueva sensibilidad. Su obra trasciende el formalismo de la mayor parte del arte moderno para situarse en el núcleo mismo de la creación. Paul Klee había recibido una sólida formación musical en su infancia: su madre, Ida Maria Frik había estudiado canto y su padre, Hans, era profesor de música. En 1989 ingresó en la Academia de Múnich y siguió sus clases de pintura, grabado y anatomía. Durante el año 1901 viajó por Italia con el escultor Hermann Haller, y a su regreso a Berna en 1902, Klee trabajó en sus primeros aguafuertes (Inventions) y formó parte de la orquesta municipal de Berna como violinista. En 1906 contrajo matrimonio con la pianista Lily Stumpf y se establecen en Munich donde nacería su hijo Félix.
En su obra inicial Paul Klee emplea como medios expresivos básicamente el grabado y el dibujo, mostrando en ellos su propensión hacia lo fantástico, no exento de rasgos críticos de un humor entre irónico y poético. Su primera exposición tuvo lugar en el Museo de Bellas Artes de Berna en 1910, en su segunda muestra en 1911 participaría junto a Kandinsky, Franz Marc y Kubin, grupo que pasó a llamarse “Bleue Reiter” junto a otros artistas. Sus investigaciones se vieron confirmadas por los principios básicos del grupo, como el de “no inspirarse en el pasado, ni en la naturaleza, sólo en sí mismo” que estimularon su búsqueda de lo irreal fundamentado en las sensaciones.
A partir de los años veinte comienza a cultivar regularmente la pintura al óleo desarrollando una expresividad completamente nueva en la que los colores intervienen con una función rítmica, en una combinación de horizontales y verticales con la simplificación de motivos como pájaros, árboles o corazones que crean un paisaje íntimo. La música está constantemente presente en la obra de Klee, muchos de sus dibujos y pinturas son transmutaciones gráficas de ritmos, acordes o compases, estructuras sonoras objetivadas en elementos gráficos y pictóricos, que se constituyen en ideogramas. Las formas tienen cada vez más a la expresión sintética y esencial, sin contenido narrativo, pero la originalidad de Klee consistirá en un sensibilidad fruto de una intuición propia. Su vocabulario adopta elementos cubistas y geométricos, y poco a poco su paleta va virando de un claroscuro hacia un cromatismo complejo en su paleta.
La muestra, comisariada por Emmanuel Guigon y Tomàs Llorens, estuvo organizada por el IVAM y el Museo Thyseen-Bornemisza fue la muestra retrospectiva más amplia realizada hasta el momento en el estado español, contó con el apoyo de la fundación Paul Klee en Berna y el patrocinio del Banco Bilbao Vizcaya. La exposición reunió 122 obras del artista y proponía una imagen global de la trayectoria artística de Klee. El catálogo editado con motivo de la exposición reprodujo las obras expuestas e incluía textos de Claude Frontisi, Mathias Bärman, Francisco Jarauta, Antonio Saura, Emanuel Guigon, que abordaba la recepción de Paul Klee en España, y Valeriano Bozal sobre Klee y la modernidad.


