José Sanleón

IVAM Centre Julio González

Incorporado plenamente al panorama artístico valenciano desde los primeros años ochenta, José Sanleón (Catarroja, 1953) ha sabido articular una elocuente síntesis donde construcción y expresión nunca son del todo ajenas entre sí. Por otra parte, el protagonismo de determinados materiales -en especial cuando aborda los grandes formatos a partir de las lonas ya usadas y recuperadas- favorece un conjunto de intervenciones, cada vez más controladas y austeras, pero dotadas siempre de un fuerte impacto visual.

La exposición presenta una selección retrospectiva de sus tres últimas series desarrolladas en 1989 y 1993, las que mejor caracterizan y configuran la trayectoria artística de Sanleón: El laberinto, Roma Quadrata y Manhattan.

La consideración de la ciudad como laberinto se convierte en una especie de leitmotiv que, cual hilo conductor, vincula y diferencia ambos homenajes -a Roma y Nueva York-, a la vez que promueve una intensa autorreflexión sobre el laberinto de la pintura, como espacio metafórico aplicado al universo, a la ciudad y a la propia existencia.

La acción pictórica de Sanleón -como proceso- se irá paulatinamente desnudando de su precedente subjetividad, mientras la pintura -como objeto- acentuará autorreferencialmente sus valores y estrategias constructivas. A ello habrá que añadir -ya en la serie Manhattan– su enfrentamiento con las grandes superficies de las viejas lonas de los camiones. Dicho hallazgo venía a resolver de manera simultánea aquellos objetivos anteriores, planteados con relación a la ascesis expresiva y a una mayor reducción de los tratamientos pictóricos propiamente dichos, a la vez que abría nuevas vías a la síntesis estética emprendida: mostrar directamente los inmensos soportes, convertidos en superficies cargadas de historia y de resonancias plásticas en sus arrugas, estrías, remiendos, manchas, dobleces y múltiples laceraciones.

Es así como la seriación de anillas y remaches, las franjas, las costuras o los pliegues de refuerzo -seleccionados de los toldos- se transforman en opciones propias del dibujo, en contrastaciones cromáticas, en ritmos compositivos que recorren la textura historiadora de la lona, aportando conjuntamente el controlado toque estético y distante de la lectura postminimalista y la paradójica riqueza, sobreabundante y acaparadora, de ciertos ecos del arte povera , con sus entresijos existenciales y sus diversificadas experiencias.