Luis Gordillo

ExposiciónIVAM Centre Julio González

 

La obra de Luis Gordillo (Sevilla, 1934) se ha organizado a partir de un constante diálogo figuración-abstracción. Así, su evolución pictórica ha transcurrido desde un informalismo próximo a Dubuffet, Michaux y Tàpies a una figuración relacionada con el Pop Art que, con el tiempo, ha desembocado en un arte de mínimas referencias figurativas y mayor complejidad simbólica.

La exposición se centra en la producción de los años ochenta, aunque se incluyen trabajos anteriores que clarifican las líneas de actuación de la pintura de Gordillo.

A partir de 1962 el arte de Gordillo evolucionó hacia una nueva figuración en la que integró elementos de la iconografía pop y el constructivismo geométrico. En esas obras, de fuerte actitud crítica e irónica hacia la sociedad de consumo, experimentó con el lenguaje de los mass media y las técnicas de seriación y repetición de imágenes.

En la década de los setenta, tras un período de inactividad voluntaria, inició una etapa llena de colorismo, humor y evocaciones naturalistas. Fueron unos momentos en los que el artista combinó la inmediatez con la reflexión y el análisis, se distanció de los referentes geométricos anteriores y acentuó la importancia del dibujo como procedimiento básico en sus creaciones.

Las posteriores investigaciones formales de Gordillo le han llevado a una obra con menos reminiscencias figurativas y mayor simbolismo, una consecuencia lógica de la constante evolución de propuestas que caracteriza su plástica. Sobre esa dinámica de aportaciones cambiantes, clave esencial para una aproximación e interpretación de los trabajos del artista, el crítico Dan Cameron ha escrito: “Si estudiamos la obra de Gordillo como un todo, nos daremos cuenta de que el cambio es el rasgo más sobresaliente. Al mudar la piel infinidad de veces, Gordillo acaba acercándose a soluciones descubiertas en otros momentos del pasado reciente, lo cual implica que ciertas obras anteriores de repente tienen más sentido. La inconsistencia estilística, que en un artista más joven se suele equiparar a una falta de dirección, resulta ser, en el caso de Gordillo, un rasgo positivo, sobre todo porque como artista parece deleitarse en ponernos difícil el precisar el curso exacto que ha tomado su obra durante los últimos años”.