Serge Spitzer. Índex 1972-1992

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Serge Spitzer ha creado un lenguaje escultórico que toma soluciones formales, procedimientos y materiales (aluminio, titanio, poliéster, cintas transportadoras, PVC…) de los contextos más diversos. Son obras que, ya sean de carácter intimista o monumental, rechazan cualquier referente literario para reclamar la atención en su propio discurso formal. La exposición presenta esculturas, dibujos, proyecciones de diapositivas, objetos y algunas intervenciones de carácter monumental.

A lo largo de su vida, Spitzer (Bucarest, 1951 – 2012) ha ido dando forma a un vocabulario escultórico que aplica continuamente a la confrontación con situaciones y lugares específicos, y que está estructurado de manera inteligible. Las instalaciones se fundan en una larga y amplia experiencia, y en ellas el campo de experimentación de las relaciones estructurales equivaldría a los planos, y el del vocabulario a pequeños métodos probatorios en el taller o en espacios neutrales de exposición.

Convencido de que los defectos esenciales de la cultura basada en lo europeo están tan estrechamente unidos a su autodefinición fundamental que no pueden ser contemplados si no es con esfuerzo extraordinario, el arte de Spitzer trata de indagar en las expectativas de causa y efecto, provocando en el espectador la duda sobre las relaciones básicas entre objeto y acontecimiento en el mundo real. Inflexible hasta el extremo de la casi total inescrutabilidad, el arte de Spitzer no encuentra refugio, como pudiera esperarse, en lo meramente efímero, sino que se concentra en articular los errores que se producen entre la realidad y nuestra percepción de ella. En realidad, la naturaleza del escepticismo de Spitzer es la causa de que trabaje en primer lugar y tan estrechamente con objetos. Contando con las circunstancias apropiadas, hacer que los objetos y materiales revelen sus inconsistencias al espectador pertinaz resulta más efectivo que contemplar un cuadro sobre ello. Pero hacer posible que este descubrimiento se realice implica un rechazo total y absoluto del papel histórico del espectador pasivo, al que sustituye por la posibilidad de que la experiencia subjetiva del individuo pueda ser la nueva frontera sobre la que construir el arte del futuro.