Lozano. La invención de un paisaje

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Francisco Lozano continúa la tradición paisajística valenciana, aunque distanciada críticamente de influencias sorollistas. Sus interpretaciones, enmarcadas en composiciones sintéticas de color fuerte y concreto, cuestionan seriamente el tópico del luminismo geográfico. La exposición recupera la dimensión histórica de Lozano y nos permite analizar su mundo interpretativo desde su propio tiempo.

Los primeros resultados de una temprana madurez pictórica en la obra de Francisco Lozano (Antella, 1912 – València, 2000) pueden situarse a finales de los años cincuenta, cuando el arte español comienza a responder creativamente a las caducas estéticas imperiales y a superar las rupturas y el aislamiento folclorizante y esencialista -una noción trascendente de la España eterna- que había marcado la negra década de autarquía que siguió a la guerra civil. Se trata de una época de tanteos e incertidumbres para la que fue decisivo el atemperado radicalismo de la Academia Breve de la Crítica de Arte, fundada y orientada por Eugenio d’Ors. Los Salones de los Once consiguieron aglutinar a significativos artistas de todas las tendencias, comprometidos activamente en la recuperación y normalización de la vida cultural en nuestra península.

Lozano cerró filas pronto con la alternativa cultural representada por la academia dorsiana, que exigía también la renovación de los géneros tradicionales de la pintura, como el retrato y el paisaje, y su apertura hacia los planteamientos más audaces que empezaban a forjarse en la cultura europea, escorada decisivamente hacia la abstracción, dejando atrás cierto neocasticismo de discutible eficacia figurativa y rotunda opacidad estética.

Así, irán surgiendo unas obras en las que se detecta el rigorismo cromático y compositivo de Beruete, Regoyos y Palencia, pero también, sordamente amortiguados por el tamiz hispánico, las enseñanzas de Cézanne y Derain. El resultado será una interpretación original y novedosa de los paisajes secos y áridos de nuestro entorno. El artista pretende construir formalmente un estilo intimista ajeno a las estéticas casticistas que caracterizan otras opciones expresivas del momento, y al margen, así mismo, del recurso a la naturaleza como referente obligado para toda audacia técnica.