Informalismo y Expresionismo Abstracto en la Colección del IVAM
Tras la Segunda Guerra Mundial la vanguardia artística, a ambos lados del Atlántico, optó por una nueva tendencia abstracta, ya iniciada a principios de los años cuarenta, que se denominó genéricamente informalismo, arte informal o abstracción informal. Más tarde, otros epígrafes dieron nombre a esta nueva propuesta según los distintos países donde se desarrolló: expresionismo abstracto, Action Painting, Art Autre, tachismo y pintura gestual entre otras denominaciones. A diferencia de vocabularios abstractos anteriores al conflicto bélico, la plástica informalista se caracterizó por representar un modelo ausente de formas (o una reducción simbólica de las mismas). Las obras adscritas a este movimiento se caracterizaron por su hermetismo y el plegado de los artistas a una autoreferencialidad gestual y a un posicionamiento escapista de la realidad sociopolítica heredada de las tensiones bélicas y económicas anteriores.
La celeridad con que se desarrolló y alcanzo importancia esta nueva corriente debe explicarse por el agotamiento de los modelos constructivistas, utilizados por la vanguardia anterior, y la necesidad de expresar vital y emotivamente, a través de mecanismos irracionales, la protesta que reclamó el contexto de los países industrializados tras finalizar la contienda mundial. El apoyo de las galerías vanguardistas de los centros mundiales y la confirmación de la hegemonía del relato del arte moderno procesado por las grandes instituciones museísticas americanas, como el MOMA, ayudaron a la difusión de estas estéticas.
En Estados Unidos el informalismo se denominó expresionismo bbstracto, relato artístico que a partir de los textos de Clement Greenberg y las exposiciones del MOMA y el Gugghenheim recogió las tendencias del arte difundidas por las muestras del Armory Show y por los artistas europeos exiliados que desarrollaron fundamentalmente dos tendencias: la Action Painting y la pintura de contemplación. La primera se caracterizó por la velocidad en la ejecución, la utilización de grandes formatos, la ausencia de planificación previa y la inmediatez que respondía a impulsos automáticos. La segunda se centró en la investigación sobre las gamas cromáticas y la geometría elemental.
Al mismo tiempo aparecía en Europa un movimiento paralelo que partió del vocabulario abstracto iniciado por las influencias teóricas del surrealismo y por los artistas de la primera década del siglo como Kandinsky. A partir de 1947 se sucedieron exposiciones de la nueva tendencia que, inicialmente, se denominó abstracción lírica, y más tarde informalismo, caracterizándose por valorar lo espontáneo, la improvisación y el azar, al mismo tiempo que utilizó el signo como expresión vital, sustituyendo la figura humana y la representación paisajista.
En el estado español el informalismo tuvo una especial incidencia. A principios de la década de los cincuenta aparecieron tres grupos que intentaron una renovación plástica con estos nuevos lenguajes: Grupo Parpalló (València, 1956), El Paso (Madrid, 1957) y Equipo 57 (París, 1957). Estos colectivos tenían distintos antecedentes entre los que destaca Dau al Set (Barcelona, 1948). El proceso abstracto, sobre todo el informal, fue el medio idóneo que encontraron estas iniciativas para lograr sus supuestos. Sin embargo, los grupos “informalistas” no deben entenderse como una escuela, sino como una serie de figuras individuales que se unieron frente a la desidia y desolada realidad cultural del momento.
La exposición Informalismo y Expresionismo Abstracto en la Colección del IVAM presenta los fondos de la colección con los que recorrer el relato historiográfico del informalismo y el expresionismo abstracto americano a partir de la obra de Appel, Balaguer, Dubuffet, Fontana, Francés, Gil, Gottlieb, Greco, Hofmann, Jorn, Kline, Krasner, Masson, Michaux, Millares, Miró, Mompó, Monjalés, Newman, Rainer, Reindhart, Saura, Soria, Soulages, Tàpies, Vento y Vicente.
