Francis Picabia

Máquinas y Españolas

ExposiciónIVAM Centre Julio González

La exposición Francis Picabia. Máquinas y Españolas presentó, a través de un centenar de obras, dos de las vertientes fundamentales de la obra de Picabia: la pintura figurativa de raíz onírica sobre temática española, y la pintura abstracta relacionada con la experimentación y poética vanguardista. La muestra —que investiga la influencia que el contexto y paisaje español pudo ejercer en la obra del artista— incluye la reconstrucción de la exposición celebrada en las Galerías Dalmau de Barcelona en 1922.

Francis Picabia (París, 1879 – 1953) nació en el seno de una familia de la alta burguesía, de madre francesa y padre cubano de origen español. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de París y en la de Artes Decorativas. Su carrera dio comienzo con una serie de muestras colectivas en las que presentaba un lenguaje impresionista. En ese primer estadio de su obra, Picabia retrató a toreros y mujeres españolas, una etapa que se podría entender como el principio de su temática española, uno de los tres ejes fundamentales de su trabajo junto a los collages y los “monstruos”, como diría Marcel Duchamp años más tarde. Artista que transitó por diferentes estilos y vocabularios, Picabia mostraba un gran interés por llevar a cabo una ruptura estética constante, un carácter contestatario que le llevó a una experimentación continua.

En 1916 se trasladó a Barcelona, ciudad en la que encontraría a algunos de sus amigos, entre otros a Arthur Cravan, Marie Laurencin y al matrimonio Gleizes. En la capital catalana Picabia editó el primer número de la revista 391 —prolongación del magacín europeo 291—, integrada por textos poéticos, obras gráficas y noticias del arte moderno internacional. A través de la revista entró en contacto con el grupo dadá de Zurich y Tristan Tzara, con el que mantuvo una gran relación y con el que difundiría el dadaísmo en París. En 1920 conoció a André Breton y, al año siguiente, se separó de los dadaístas al tiempo que inició sus pinturas de “monstruos” y colaboró con los surrealistas, participando en las exposiciones y actividades del grupo. Regresó a Barcelona en 1922 y realizó la muestra en las Galerías Dalmau para la que André Breton, con el que rompería relación años después, redactó el texto de presentación.

A mediados de los años treinta, el autor francés realizó paisajes enraizados en sus primeras obras e inició una pintura figurativa en la que abordó asuntos de carácter miserabilista. En ese periodo pintó La Revolución Española, cuadro que, a diferencia de su anterior producción con temática española, resolvió con tintes expresionistas. Sin embargo, y debido a su constante disrupción en los lenguajes plásticos, durante la Segunda Guerra Mundial siguió sus indagaciones en torno a la figuración. Dentro de esa línea creó una serie de cuadros dentro de un “realismo popular” —que la historiografía del arte ha entendido como uno de los antecedentes del Pop Art— inspirados en postales, portadas de revistas y carteles cinematográficos.

Este carácter disidente y experimental —con el que nunca abandonó ciertos ejes temáticos como los “monstruos”, lo maquínico o el motivo español— se analizan en el catálogo de la muestra Francis Picabia. Máquinas y Españolas, organizada por el IVAM y comisariada por Maria-Lluïsa Borrás y Bartomeu Marí, con la colaboración de Jean-Jaques Lebel. El catálogo incluye  la participación textual de Annette Michelson, William Camfield y los comisarios. La muestra mantiene una itinerancia por la Fundación Tàpies (Barcelona) y el Centro Georges Pompidou (París) y cuenta con la colaboración logística de Air France, la AFAA (Association Française d’Action Artistique) del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia.