Darío Villalba, 1964-1994
La exposición de Darío Villalba es una selección antológica de su trabajo durante treinta años. Se ha utilizado como criterio el carácter revolucionario de su lenguaje, en que parte (en la década de 1960) de la fotografía sin apenas participación, para, a través de ella, adentrarse en el espíritu de la pintura. Su contestación generacional le lleva a interesarse por crear una rotunda respuesta al arte pop y posteriormente al conceptual. Se resalta el carácter acronológico —poética de lenguajes, autosabotaje de estilos— para comprender su personalidad pionera e insólita en la generación internacional posterior al informalismo.
Darío Villalba (San Sebastián, 1939 – Madrid, 2018) es una referencia obligada para comprender el desarrollo del arte posterior a la generación informalista de los años cincuenta, así como uno de los más lúcidos entronques del arte español, tras la generación de El Paso, con las vanguardias internacionales, cuyos postulados subvierte. Desde mediados de los años sesenta aborda la problemática de los últimos movimientos artísticos bajo una óptica personal, utilizando muy prematuramente la fotografía como pintura. Este uso insólito de la fotografía, que le sitúa en un puesto de privilegio, debe clarificarse para que no resulte gratuita tal afirmación. Como es bien conocido, la fotografía o el “mass-media” fue empleada, en líneas generales, por el arte pop como divulgación y banalización de la imagen de consumo y por el arte conceptual como cuestionamiento de la esencia del arte o como huella o testimonio de una idea: Villalba hace todo lo contrario. Emplea la trama fotográfica, fría y distanciadora, paradójicamente como pintura, es decir, como vehículo que transmite todo tipo de actitudes o pulsiones anímicas.
Durante la década de 1980, su proceso se hace cada vez más complejo, un autoanálisis formal que desemboca en metalenguajes en 1992 y puesto al servicio de una voluntad de introspección. La posibilidad del cuadro como soporte de lo excesivo ha hecho que su obra se desborde y emplee temas tan dispares como la recuperación de imágenes museísticas, fetiches casi autobiográficos o persiga climas líricos y hasta intimistas.






