Andreu Alfaro
Cuando, en 1991, el IVAM presentaba esta exposición de Andreu Alfaro (València, 1929 – 2012) el artista se encontraba en una plenitud artística que coronaba una trayectoria amplia en producción y prolífica en experimentación. Se reunieron noventa y seis esculturas, treinta y dos dibujos y 200 maquetas repartidas en dos partes diferenciadas: una instalación realizada exprofeso, por un lado, y una selección de obras producidas entre 1960 y 1990, por otro. No era solamente la mayor exposición realizada del artista en su ciudad, sino que era la primera vez en que el público valenciano pudo conocerlo de manera extensiva. La diversidad técnica, matérica y conceptual de Alfaro —que puede entenderse ahora como un síntoma de la pluralidad de referentes en un mundo cambiante— entonces aún podía verse como debilidad o indeterminación de criterios estéticos. Por otro lado, su posicionamiento político de marcado cariz nacionalista planteaba controversia en una sociedad que permanecía dividida tras la Transición, que en el contexto autonómico valenciano fue especialmente partidista.
Iniciada en la década de 1950, sus primeras exposiciones individuales datan de 1957 y 1958, año en que se integra al Grupo Parpalló y replantea algunas de las premisas a través del concepto de «normativismo». Pese a su variedad formal, siempre se mantuvo afín a la metodología de los procesos y los materiales industriales, así como a una vocación sintética de la forma que, en los años sesenta, estaba influida teóricamente por Oteiza y más afín al minimalismo. Conforme avanzan los años, sus piezas van incluyendo aspectos como la repetición y la seriación, lo que acerca sus obras al arte cinético, y amplía su presencia en el espacio público a través de obras de gran formato. Tras la exposición retrospectiva de 1979 en el Palacio Velázquez de Madrid, su producción retoma el volumen y comienza a reflexionar sobre cuestiones culturales como el Barroco, el cuerpo humano, la figura de Goethe, los kouroi o el tiempo y la memoria.





