Julião Sarmento
La obra de Julião Sarmento se encuentra entre las más importantes de las surgidas en los años ochenta. A través del vídeo, el cine, la pintura, la fotografía y las instalaciones, Sarmento decodifica el paisaje e impone imágenes artificiales que permiten expresar de forma existencial los deseos, las pasiones y las obsesiones. La fragmentación se utiliza así como método para presentar la experiencia contemporánea, destacando que es así como la conciencia experimenta y ordena el mundo.
En un análisis del conjunto de su obra, se impone como una primera evidencia la progresiva construcción de un cuerpo de trabajo sólido, coherente y consistente cuya capacidad de renovación y profundidad, en permanente diálogo con la actualidad, va paralela con la fidelidad a obsesiones, temáticas y problemáticas fundadoras de una autoría o autoridad personal.
A lo largo de veinte años de carrera, Sarmento ha convivido con un abanico de coyunturas artísticas que van del post-pop hasta la actualidad y ha sufrido la normal influencia de las tendencias que le eran más afines; particularmente algunas prácticas post conceptuales, muy en boga a mediados de los años setenta, y con un cierto tipo de “figuración fragmentaria” característica de alguna pintura del inicio de los ochenta. Sin embargo, ha sabido preservar y desarrollar un núcleo problemático personal originario y determinante de su trabajo, al mismo tiempo que, a través de la confrontación creativa con lo que encontró más estimulante de cada coyuntura artística, ha ido renovando y diversificando su discurso artístico.
La sensualidad de sus texturas, la complejidad de la composición y la naturaleza siempre enigmática de las imágenes, manifiestan un principio de delicadeza, en el sentido sadiano, y una lógica de perversión que remiten hacia un grado superior de sofisticación plástica y teórica. Las pinturas de Sarmiento apelan a los que suspiran por una narrativa, pero son mucho más inteligentes que eso, pues sugieren que la pictorialidad, un determinado grado de obstinación sicológica y símbolos que entran y salen del marco, no necesitan ser anatemizados de la práctica conceptual.



