Salvador Soria
La exposición es una amplia retrospectiva dividida en seis grandes apartados que cubren la trayectoria artística de Salvador Soria en su globalidad: “Expresionismo nostálgico, 1940 – 1945”, “Expresionismo facial, 1948 – 1953”, “Síntesis superrealista, 1953 – 1958”, “Integraciones, 1958 – 1990”, “Integración de lo destruido, 1990 – 1994” y “Máquinas del espíritu, 1966 – 1978”.
Salvador Soria (València, 1915 – Benissa, Alacant, 2010) comenzó su aprendizaje artístico en la Escuela de Artes y Oficios de València asistiendo a clases nocturnas de dibujo desde 1932, al mismo tiempo que trabajaba de marmolista. En 1936 estalló la guerra civil española y, con veintiún años, partió para el frente sin haber realizado ninguna exposición. En 1939 se trasladó a Francia, país donde reemprendió su actividad. Estuvo en el sur, y vivió luego en Perpinyà en 1953. Durante ese período, aunque fueron años difíciles, se enriqueció con nuevas experiencias y fue configurando su estilo, conociendo en el camino postulados neocubistas y expresionistas, para definirse en la línea de un expresionismo realista.
Ya en València, presentó en 1954 una muestra en la Sala La Fuente de todo el trabajo realizado en Francia. Entre 1957 y 1959 formó parte del Grupo Parpalló, y fue uno de los creadores de la revista Arte Vivo; ya en 1960, colaboró en el nacimiento del Movimiento Artístico del Mediterráneo. Por aquel tiempo, finales de los años cincuenta, la obra de Salvador Soria, que ya había empezado a incorporar elementos matéricos, evolucionó hacia una estética muy cercana a la del informalismo.
A partir de la década de 1960 inició el conjunto más importante de su producción plástica. Una de las fuentes de su trabajo fue las Integraciones, donde las superposiciones matéricas —empleó cuerdas, telas metálicas, planchas, limaduras, clavos, tuercas, etc.— contrastaban con amplios huecos que permitían integrar la obra con el muro. Más tarde, a partir de 1964, comenzó a construir objetos tridimensionales con apariencia de máquina que pusieron de relieve su faceta como escultor y a los que él mismo calificó como ejemplos de “mecánica plástica”: estos ingenios dieron enseguida paso a las conocidas Máquinas para el espíritu, piezas que no eran ajenas al ambiente tecnológico del momento.



