Alberto Greco
Las pulsiones vitales de los creadores y creadoras del siglo XX han alimentado su producción artística hasta acabar confundiendo unas con la otra. La importancia de la cotidianidad y de los actos en apariencia banales han conformado gran parte de los avances estéticos del arte contemporáneo. La exposición de Alberto Greco (Buenos Aires, 1931 – Barcelona, 1965) recogió una cantidad importante de obras realizadas entre 1954 y 1965, algunas de las cuales habían permanecido inéditas hasta ese momento, que plasmaron la personalidad de este artista difícil de clasificar.
Greco escribió libros como Fiesta (1950) o Besos Brujos (1965) cuyo manuscrito se expuso aquí por primera vez; realizó dibujos descarnados y pinturas informalistas hasta el punto de ser considerado «el Pollock latinoamericano» tras una muestra en Sâo Paulo en 1958; se inventó un tipo de obra nueva, los Vivo-Ditos, que consistía en estampar su firma en personas, objetos o situaciones varias y registrarlos fotográficamente; generó los Manifiestos-Rollos, rollos de papel de más de 50 metros de largo realizados en 1963, al estilo del rollo original de la novela de Jack Kerouac On the road (1957). Los Vivo- Ditos y los manifiestos ocuparon un lugar principal en esta muestra.
El espíritu inquieto de Greco le llevó a vivir en numerosas ciudades, donde contactó siempre con la escena artística más contemporánea. En Buenos Aires participó en la fundación del Movimiento Informalista Argentino y en Roma, junto a Carmelo Bene, realizó el montaje de la irreverente obra teatral Cristo 63, que le obligó a salir precipitadamente de Italia. Su carácter intenso, su cariz siempre innovador, la vinculación de sus obras con la literatura y la autobiografía le convierte en un autor netamente contemporáneo. Tras un tormentoso verano en Ibiza, se suicidó en Barcelona en 1965.




