La instalación realizada específicamente para el IVAM es una contundente materialización de deseo de Nanda Botella de implicar corporal y emocionalmente al espectador. Una estructura metálica sirve como «bastidor» expandido de una cantidad enorme de piezas de cerámica cocida realizadas una a una. Durante meses, Nanda Botella ha trabajado en una fábrica de Manises realizando esos elementos que rompen, una vez más con la rigidez geométrica, agujerados y sometidos a las marcas de los dedos, plegados y diferenciados para producir un efecto total de vida que se multiplica y transforma. La pintura se ha expandido para transformarse en un lugar vertebrado en el tenemos que encontrar un tiempo inaudito, hermoso, diferente.
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