Raoul Hausmann

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Raoul Hausmann, que recibió el sobrenombre de “Dadásofo” por su gran actividad teórica, desarrolló un arte crítico, estructurado a partir de los avances de la ciencia, la historia, la filosofía, la arquitectura y la fotografía. Esta exposición, la primera gran retrospectiva dedicada al artista desde su muerte, se ha articulado a partir de fondos prestados por distintos museos y colecciones privadas europeas y americanas. La muestra cuenta con doscientas cincuenta obras, algunas inéditas y otras, como la emblemática Cabeza mecánica (El espíritu de nuestro tiempo), que se exponen por primera vez en España.

Pintor, escultor, fotógrafo, bailarín, teórico del arte y poeta, Hausmann (Viena, 1886 – Limoges, 1971) fue una de las figuras relevantes del panorama artístico europeo de los años veinte y treinta y, también, una de las personalidades más representativas del movimiento dadaísta berlinés.

En 1900 se trasladó a Berlín para realizar estudios de arte. Dos años después presentó sus primeras pinturas, influidas por el cubismo, y comenzó a publicar estudios críticos en la revista Der Sturm. En 1918 colaboró activamente en el desarrollo del movimiento Dadá al que aportó, en colaboración con su compañera Hannah Höch, dos manifestaciones que llegaron a ser características del lenguaje del colectivo: el poema fonético y el fotomontaje. En el primero subrayó la importancia del inconsciente y el automatismo, y en el segundo, definido por él como “una mezcla explosiva de diferentes niveles de representación y puntos de vista”, abandonó cualquier referencia a la composición clásica para ofrecer imágenes imposibles de ubicar en los esquemas estéticos existentes.

Después de participar en la Feria Internacional Dadá en Berlín en 1920, inició una serie de colaboraciones con Kurt Schwitters y orientó sus pinturas hacia la abstracción constructivista. Entre 1927 y 1933, tal vez atraído por las experiencias de Moholy-Nagy, se dedicó casi exclusivamente a la fotografía. Durante los tres años siguientes se instaló en Ibiza, realizando fotografías y estudios antropológicos y etnográficos sobre la arquitectura tradicional de la isla. A partir de 1939, huyendo del nazismo, fijó su residencia definitiva en Francia, donde reemprendió, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, su multifacético y siempre innovador trabajo.

Hausmann fue un explorador de la consciencia, un artista abierto a las nuevas vías estíticas y científicas que, según testimonio de Hans Richter, “confiaba en enviar a la basura el arte reaccionario, la trivialidad y el carácter deshonesto del universo”.