El aura de una saga moderna: Ignacio, José y Marisa Pinazo

ExposiciónIVAM Centre Julio González

Valencia es, entre 1870 y 1920, uno de los núcleos artísticos más prolíficos e influyentes de su tiempo. Un elevado número de pintores nacen y se forman en la ciudad, de los cuales hoy sólo se recuerda a una reducida parcela, a los denominados grandes maestros de la Escuela Valenciana, a pesar de que la mayoría de ellos residieron fuera de su ciudad natal.

De este amplísimo catálogo de pintores de mediados de los siglos XIX y XX apenas conocemos las biografías de unos pocos, y uno de los enigmas es a veces saber cómo consiguieron sobrevivir en un medio tan competitivo y saturado de profesionales. La opción para una gran mayoría fue desplazarse a otras ciudades y países de Europa y América principalmente. La docencia fue uno de los medios profesionales por los que muchos optaron, pero cuando se dependía exclusivamente de la comercialización de los trabajos en un mercado del arte tan constreñido como local, la vida de gran parte de estos artistas no dejaba de ser heroica.

En un contexto tan creativo como el valenciano, diríase que la vocación artística era en algunos casos como un componente genético que con facilidad se transmitía de padres a hijos. Tal es el caso de los Pinazo, que son un ejemplo que sin duda destaca entre las diversas familias artísticas de la ciudad, como los Capuz, los López, los Benlliure, los Sorolla o los Manaut Viglietti, entre otros.

En este fenómeno de transmisión del oficio hay un componente práctico, de continuidad o herencia de una tradición, de vocación también. La vivencia y familiaridad con la creación artística crea una predisposición que favorece la continuidad del oficio. Como ejemplifica bien el caso del clan de los Pinazo que ahora se presenta. El gran maestro Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916) tuvo dos hijos que se dedicaron al arte, José e Ignacio Pinazo Martínez, el primero pintor y el segundo escultor, aunque también practicó la pintura y fue cantante. Aunque Ignacio Pinazo Martínez es un gran escultor, se ha optado ahora por mostrar la obra de Marisa Pinazo Mitjans (1912-1990), hija de José Pinazo Martínez (1879-1933), ya que es ella quien da continuidad al arte de la pintura dentro de la tercera generación.

Confrontar o mostrar secuencialmente el arte de tres generaciones obliga a interpretar las relaciones existentes, la evolución gradual de cada uno de ellos, así como unas persistencias que lógicamente son más acentuadas entre padre e hijo que entre abuelo y nieta. Aunque la potente personalidad del abuelo sea objeto de veneración, el arte de cada cual sigue su curso y las creaciones de los tres van hablando de una superación de modelos y de evoluciones estilísticas que en su conjunto posibilitan realizar un sugestivo recorrido que nos lleva del Naturalismo y el Modernismo al Art Decó.

Los estímulos que provocan los modelos paternos en las distintas generaciones crean unas conexiones o nexos que se detectan claramente entre los trabajos de Ignacio Pinazo y las creaciones de José Pinazo de su fase inicial, al igual que sucede entre ciertas pinturas de Marisa Pinazo y creaciones de José Pinazo. Una breve selección y hermanamiento de obras de distinto género permiten apreciarlo con nitidez.